• El poder de una buena imagen

    Actualmente vivimos en la era de la imagen donde nos basta un simple vistazo para recoger sensaciones y colgar una etiqueta. El principal motivo por el que hacemos esto no es otro que nuestra propia composición ya que el ser humano es un 90% visual y en nuestro caso, las apariencias sí cuentan.

    Esto provoca la generación de prejuicios en las personas y a nadie le gusta causar una impresión errónea. Precisamente por ese motivo es por el que debemos cuidar que nuestra imagen transmita fielmente lo que queremos decir de nosotros mismos para ajustarla a la impresión que la gente se va a llevar de nosotros, porque como dijo Óscar Wilde «No hay segundas oportunidades para causar una primera impresión».

    Una vez que somos conscientes de ello, el siguiente paso es conocer el mensaje que queremos proyectar y a partir de ahí diseñar nuestra imagen; sin descuidar nuestro propio comportamiento, que deberá guardar coherencia y relación con lo que esperamos transmitir ya que de esta coherencia o incoherencia dependerá la credibilidad de mis actos y de mi propia persona.

    Y es que no sólo la imagen personal se compone de la propia vestimenta, el corte de pelo idóneo a la forma del rostro o el maquillaje ideal para cada ocasión; sino que también tiene cabida el lenguaje verbal, el lenguaje corporal y la educación y ahí es donde aparece el protocolo social como el conjunto de costumbres, usos y reglas que regulan el comportamiento y las relaciones humanas.

    Tan importante como saber lo que nos gustaría transmitir, es conocer si poseo, o no, esas características; ya que para encontrar esa coherencia de la que antes hablábamos, es necesario saber si realmente soy la persona que quiero transmitir o hay algún aspecto que debería trabajar en mi comportamiento para que mi lenguaje verbal y mi lenguaje no verbal no transmitan cosas diferentes que den como resultado una imagen poco creíble.

    A estas alturas del post, ya sabes la importancia que tiene la imagen personal para tu seguridad y autoestima, y las características que la componen, así que si aún estás en esa etapa en la que perfilamos la persona que nos gustaría ser, o simplemente hay algo que cambiarías, tal vez, este sea el momento porque no debemos olvidar que una imagen vale más que mil palabras.

  • Tipos de presidencia en la mesa

    Cuando nos reunimos alrededor de una mesa, es importante saber qué lugar debemos ocupar, según estés en calidad de anfitrión o de invitado o de si la comida o la cena es de carácter formal o informal. Por eso, dejaremos unos tips en esta entrada, que reforzarán tu seguridad la próxima vez que te encuentres en este tipo de situaciones.

    Si se trata de una reunión formal, como puede ser una comida de negocios o un evento corporativo; por regla general, debe haber un «seating» en la entrada del salón, que nos indique cuál será nuestra mesa.

    Una vez localizada podemos encontrarnos con una mesa redonda, en cuyo caso las precedencias quedarán más diluidas, dejando un escenario más equitativo en cuanto a los rangos de los comensales. Si no está indicado el asiento de la persona que presidirá la mesa, deja que alguien te lo indique, o que él o ella tome asiento. A partir de la presidencia y por regla general, el resto de comensales irán sentados conforme al sistema cartesiano según su rango; aunque existen otros sistemas que pueden ser empleados si se adaptan mejor al criterio utilizado para establecer las precedencias.

    Otro tipo de mesa con el que nos podemos encontrar es la mesa alargada (rectangular u ovalada) en cuyo caso existen dos tipos de presidencias: la presidencia inglesa y la presidencia francesa.

    Foto: Downton Abbey. Presidencia francesa

    La presidencia francesa es la que deja al anfitrión o anfitriones en la zona central de la mesa; mientras que la presidencia inglesa es la que coloca al anfitrión o anfitriones en las cabeceras o extremos de la mesa. En ambos casos el resto de los comensales irán colocados según su rango conforme al sistema cartesiano, generalmente.

    Si se trata de una reunión informal, tal como puede ser una comida familiar o de amigos; debes saber que si tu presencia es en calidad de anfitrión, deberías sentarte en el lugar más cercano a la cocina o a la puerta de servicio para que cuando necesites entrar y salir o atender al personal del servicio, no molestes al resto de comensales o invitados.

    Si, por el contrario, tu presencia es en calidad de invitado deja siempre que el anfitrión o anfitriones se sienten primero y si la ocasión no lo permite, procura dejar libres los asientos que antes indicábamos.