• El protocolo de la mantilla

    Ahora que se aproxima la semana santa, las calles se llenan de pasos y cofradías entre las que se dejarán ver cientos de peinetas y mantillas; pero ¿sabes su origen y cómo se usa?

    Su origen se remonta antes de la Edad Media en la que las mujeres, ya usaban velos para adornar sus cabezas y con el paso del tiempo fueron adecuando los tejidos a la climatología de las diferentes regiones de España, de modo que podíamos encontrar este tipo de prendas elaboradas en telas que iban desde el terciopelo hasta la seda.

    Fue ya en el siglo XIX cuando la reina Isabel II de España y su gusto por el encaje, isabel-ii-grande-e1460031120936impulsaron la mantilla en nuestro país, tal como la conocemos hoy en día. Con el paso del tiempo, el uso de esta prenda fue arraigándose a nuestra cultura entre las mujeres de la nobleza andaluza y madrileña principalmente. De hecho, la mantilla fue el símbolo con el que estas mujeres mostraron su descontento hacia el reinado de Amadeo de Saboya; con un movimiento que se conoció como «la rebelión de las mantillas».

    Es así como llega hasta nuestro tiempo, pasando de tener un uso más cotidiano a ir destinándose poco a poco sólo a eventos religiosos en un formato más conocido como «toquilla», que posteriormente y a lo largo del Siglo XX evoluciona de nuevo a lo que hoy conocemos como tal, convirtiéndose en una prenda muy distintiva de nuestra Semana Santa.

    La mantilla debe utilizarse en Jueves Santo cubriendo parte del pelo, mientras que el Viernes Santo debe cubrir la totalidad del mismo, en señal de respeto.

    Se acompaña de un traje negro, en señal de luto por la muerte de Nuestro Señor. El traje debe ser sobrio, sencillo y sin escotes; con manga larga o francesa que nos permitirá el uso de guantes negros. La falda debe tener una longitud mínima por debajo de la rodilla.

    Los complementos del traje van desde las medias que deben ser negras y lisas, sin dibujos ni encajes o brillos, hasta el bolso que debe ser negro y pequeño; pasando por unos zapatos del mismo color y estilo, cerrados y de tacón medio. 

    Las joyas que acompañen la indumentaria, deben ser sencillas y obedecer al principio de «menos es más», ya que el protagonista indiscutible del vestuario debe ser el rosario.

    Por último conviene mencionar dos puntos muy importantes y que terminarán de cerrar esta indumentaria: el peinado que debe ser un recogido bajo que despeje la cara y donde se pueda sujetar bien la peineta; y el maquillaje que conviene que sea sencillo y natural, sin estridencias, al igual que la manicura.

    Por su parte la peineta debe ser de tonalidades oscuras y tener un tamaño acorde a las características físicas de la mujer que la lleva. Buscar el tamaño adecuado permitirá además, que la mantilla mantenga una longitud correcta, sin sobrepasar la corva de la mujer.